jueves, julio 02, 2009

Esta vida que nos tocó navegar

Facebook's new homepage features a login form ...Image via Wikipedia

Estoy convencido de que estamos viviendo una época fantástica, una a la que nadie, ni nosotros mismos, tuvimos acceso antes. La tecnología ha mejorado muchas tareas existentes y nos ha dado muchas diversiones inéditas: encontrar información sobre casi cualquier tema está a unos minutos de distancia. La aparición de Facebook y similares ha amplificado exponencialmente las posibilidades de relación, dándole a los muy jóvenes una herramienta para compartir, interactuar, ligar y hasta espiar a sus conocidos, y a nosotros los no tan jóvenes una increíble oportunidad para mantenernos en contacto y reencontrar a personas que eran parte del baúl del recuerdo.

Google, Twitter, Blogger, el Messenger, son parte del bagaje tecnológico de cualquier individuo conectado y favorecen el fenómeno de "Long Tail": como tenemos acceso a una cantidad casi infinita de opciones, ya no tenemos que elegir quedarnos en el mainstream y ser parte de la borregada que consume sólo lo que pertenece al Top-40 o Top-100, ni siquiera al Top-10,000. Un joven de hoy día puede elegir ser fan de

A stack of the iPods I now own... included are...Image via Wikipedia

Queen tanto como podría serlo de Kings of Leon, prácticamente no hay ninguna diferencia, porque el acceso a su música e información es igual de simple. Hoy es más fácil para él aprender chino que para nosotros, hace 20 años, encontrar un LP raro de Frank Zappa.

No sólo el internet es una razón para pasar más cómodamente la vida. El celular, por ejemplo, ha hecho que esperar dos horas a la novia afuera de un parque sin saber si va a llegar o no se vuelvan obsoletas. El iPod y sus primos son una fuente casi infinita de gozo para quien se ve obligado a pasar un par de horas en la fila del banco o incluso para mejorar la experiencia sensorial de observar a los pasajeros del Metro.

Sin embargo...
Sin embargo, no todo es perfecto. Una amiga comentaba hoy al respecto en mi página de Facebook:

...creo que es un hecho que la tecnologia a veces aliena, abstrae, disminuye la tolerancia a la espera, a la frustracion, nos vuelve flojos, hace olvidar lo que es investigar y buscar, conocer.
La tolerancia a la espera me pega especialmente: cuando pierdo las llaves o la cartera, me desespera no poder darle "Find" y verlas de inmediato sobre un fondo amarillo pulsante. En el futuro seguro este problema desaparecerá con RFID y cosas similares, pero el choque mundo real-vs-electrónico es mucho peor cuando se trata de encontrar un recibo, una factura, una hoja cualquiera entre un mar de papeles.

Y claro, también está el asunto de las relaciones virtuales. Cuando pasamos más tiempo en el mundo virtual donde se trata de manipular entes que están diseñados para ser controlados, se vuelve frustrante intentar interactuar con personas del otro lado del cable, y más aún cuando son de carne y hueso. Es muy fácil caer en la ilusión de "ayer me encontré a fulanito, llevaba años sin verlo", cuando ni lo encontraste (lo hizo Facebook porque leyó tu agenda de direcciones) ni mucho menos lo viste. Es irónico que sea más fácil y menos comprometido enviar un mensaje de celular que diga "me encantas" a la niña que te gusta, que decirle simplemente Hola en persona. Y también, inevitablemente, gastas menos tiempo chateando con un amigo de la infancia que yendo a un café en un punto intermedio.

Nada es blanco ni negro
Al final, todas las eras han tenido sus tentaciones y amenazas. En algunas épocas fue la intolerancia, en otras la ignorancia, o el abandono, o la rebeldía. Siempre hubo razones para que los ancianos dijeran "¡Qué barbaridad! ¡En mis tiempos no se veían cosas así!". De igual modo, en estos tiempos alguien que pasa 3 horas al día en Facebook puede estar huyendo exitosamente de contacto físico de otro tipo, y quien está en plena fiesta leyendo noticias en el celular probablemente en los 60s habría sido el inadaptado que ni siquiera iba a la fiesta.

El chiste es aprovechar lo que tienes: explotar al máximo las posibilidades de la tecnología, y preguntarte a menudo si no estás sustituyendo las relaciones de carne y hueso con quizzes y tarjetas electrónicas de felicitación. Estamos viviendo una era de comunicación y acceso casi inmediato a todo lo que pueda representarse con bytes. Que es casi todo, exceptuando los átomos.

Pero vilipendiar la tecnología equivaldría a no comprar celular y esperar a tu novia afuera del cine, bajo la lluvia, para enterarte dos horas después de que en la oficina una junta se extendió más de lo razonable.
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viernes, enero 02, 2009

Huir de Movistar

Hace nueve meses que contraté un plan anual con Movistar; hace cuatro que cambiarme de compañía es un pensamiento que aparece cinco o seis veces al día. Me lo recuerdan las constantes llamadas perdidas, la falta de señal en cualquier edificio de más de doce metros de profundidad, las quejas de mis amigos y clientes ("¿No te llegó mi mensaje?" "Te llamé pero mandaba al buzón"), y los avisos en mi mismo teléfono: Network busy, Network not available. He buscado en varios foros y sólo encuentro las clásicas quejas iracundas del tipo "Movistar sucks" pero nada sólido que confirme que el servicio es malísimo. Sólo la estúpida cancioncita del anuncio ("Movista-a-a-a-a-a-ar") da una involuntaria pista de la calidad de la compañía. Espero que le hayan pagado regalías a los Ting Tings, o que alguien les dé el pitazo de que en México andan haciendo copias graciositas de sus canciones.

De modo que he tenido que hacer mis propios experimentos chafita para comprobar mis temores. En un punto en particular donde jamás tengo señal (un edificio que está ubicado en Periférico y Blvd de la Luz, punto bastante céntrico) donde gente con Telcel, Iusacell y Nextel pueden hacer y recibir llamadas sin problemas, he intentado con un Nokia 5130, un Nokia N1600 y un Sony Ericsson W760 -excelente teléfono, por cierto- y tengo cero recepción. Cero. Ni media rayita: hay que ir hasta la ventana y no moverse de ahí para que, oh maravilla, se pueda uno comunicar con el mundo. Por el otro lado, los que tienen la suerte de estar con otras compañías no tienen problema alguno, a pesar de tener teléfonos viejos, maltratados o de marcas inverosímiles (¡Pantech!).

Pero tengo otras pruebas: usar un Movistar mientras manejas sobre el segundo piso de Periférico es garantía de interrumpir tu llamada una o dos veces. Los mensajes enviados casi nunca llegan (el 31 de diciembre envié varios mensajes y ninguno llegó). Las llamadas se van al buzón sin razón alguna, aunque estés en las oficinas de atención a clientes de la propia compañía. Los avisos de llamada perdida y mensajes de texto en general tardan a veces más de doce horas en llegar, haciendo inviable tener un Movistar para doctores, políticos, bomberos y cualquier persona cuyo trabajo dependa de atender emergencias. Estos avisos de llamada perdida tienen un tiempo de expiración tan corto que es común que, si sales un par de horas de la zona de cobertura o tienes una cita en el Ajusco, regreses a tu vida normal sin enterarte de que la mitad de tus clientes y tu esposa están buscándote desesperadamente, y que están en la creencia -sobre todo esta última- de que más bien te encuentras en algún nidito de amor detrás del Tepozteco.

Y a propósito del Ajusco, esa es la razón de mi actual penar: vivo en el km 5 de la carretera Picacho-Ajusco, en un punto que parece ser un agujero negro de señal para celular. Los teléfonos de Telcel viven en silencio en ese lugar, y sólo Movistar y algunos Iusacell tienen un poco de recepción. Por eso fue que hace nueve meses salí de Telcel, que era más caro pero sin problemas con el servicio, e hice contrato en Guatepeor.

Debo decir que el servicio a clientes de Movistar -en el local, no por teléfono- me ha parecido excelente y que el costo del roaming es por demás razonable. Creo que el personal del centro de atención está consciente de que el servicio es bastante malo porque son muy amables y comprensivos, tanto que no puedes descargar tu frustración en ellos. Y me parece que es una lástima que la otra compañía que tiene teléfonos GSM tenga esos problemas tan básicos de conectividad, porque las otras opciones, Iusacell y Unefon, ofrecen móviles que parecen sacados de una película de espías de Harrison Ford.

De modo que estoy sumamente inconforme con Movistar. Conozco más colegas del mismo dolor que sin embargo no tienen tantos problemas como yo, y probablemente sea porque tanto el lugar donde vivo como el lugar donde trabajo son especialmente raros. Pero no entiendo por qué tengo que vivir saliéndome a la calle cada media hora a revisar si tengo llamadas perdidas (las recepcionistas ya sospechan que lo hago para flirtear con ellas) o haciendo de la explanada del fraccionamiento mi oficina particular, con laptop y todo, sólo para hablar por más de cinco minutos sin interrupción. Lo malo es que estoy en un contrato anual y supongo que la cancelación provoca una penalización, máxime cuando se supone que el precio inicial del celular está subsidiado gracias al plan que contraté. Ansío la llegada de la primavera, más que las flores, las mariposas y los jumentos, porque coincide con el final de mi condena, digo contrato. Pero pienso: si en pensar en cambiar de telefónica empleo tantas horas al día, ¿por qué no solucionarlo aunque haya alguna multa por ello? Sin embargo, todavía tengo mis dudas:
  • Creo que Telcel sigue sin tener cobertura en donde vivo (aunque el sitio de Telcel dice lo contrario)
  • En Iusacell el uso de 3G está incluído, pero los teléfonos que valen la pena, léase Blackberry, son un robo.
  • Iusacell tiene esa promoción de llamadas ilimitadas a todos los suscriptores de Iusacell y Unefon. Pero ¡OMG! qué teléfonos tan tan feos. Nadie debería tener que sufrir la humillación de usar los mismos teléfonos que Starsky & Hutch.
  • Aparentemente, Telcel es el líder no sólo por tener poder y dinero ilimitados: el servicio sí es mejor, la facturación más clara, el área de cobertura mayor. Sin embargo, es más caro... bu.
  • En Telcel lo de las llamadas ilimitadas no existe, ni siquiera con tus "números frecuentes": tienen una duración máxima de 5 minutos.
Pero de que me salgo, me salgo. Sólo estoy esperando que salgan las ofertas-de-año-nuevo-sensibles-a-la-crisis y me subo en otro camión.

A empezar otra vez

Aunque puedes usar tu cumpleaños, tu aniversario de bodas o el desembarco en Normandía como fechas para hacer un Nuevo Inicio y sentarte a escribir propósitos, siempre es lo más natural hacerlo a finales de diciembre, cuando termina el año y el mundo parece desacelerar. Vivas solo o acompañado, feliz o triste, en cámara rápida o con tiempo de sobra, la segunda mitad del último mes del año invita a relajarse, a posponer, a mirarte un poco por encima de ti mismo. Estás en esto de la autocontemplación cuando de pronto te das cuenta de que ya estás en el 2, 3, 7 de enero, la caja de engranajes está apenas en segunda, tu pie en el acelerador pero no avanzas más rápido.

Y mi impresión es que, aunque seas un empresario japonés o un pescador en alta mar, invariablemente tus planes se interrumpieron durante estas últimas dos semanas y te queda el sentimiento de que hay que empezar desde cero. Cosa que es práctica y no a la vez, porque aunque a cualquiera le hace bien relajar un poco la mente y el cuerpo por unos cuantos días, el arranque de enero se alarga hasta febrero y cuando ya te sientes en plena forma, falta una semana para el día de las madres.

De modo que si, como yo, vives siempre conectado a una pista eléctrica de carritos chocones, lo mejor es proceder con cautela estos próximos días de enero, no presionar demasiado a nadie, hablar despacio y en voz baja, porque el letargo es general y es de todos conocido que no se debe despertar a los sonámbulos. Puedes dedicar este tiempo a hacer cosas que siempre deseaste, como aprender un nuevo idioma o a hacer malabares con tres pelotas de tenis. También puedes aprovechar para enviar tarjetas virtuales de felicitación a cincuenta amigos, eligiendo cuidadosamente la que se ajuste a cada quien, o reorganizar las fotos en tu disco duro. Y si eres realmente voluntarioso, puedes terminar los proyectos personales y profesionales que quedaron en el tintero el año que terminó: trabajar mientras los demás languidecen, correr cuando todos están mirándose los zapatos.

O ¡claro! podrías dedicarte a hacer realidad otros propósitos generales, atemporales, más difíciles de cumplir: atender a tu pareja, pasar más tiempo con la familia, comer más sano, leer más y ver menos TV, aprovechar efectivamente el tiempo que pasas en el trabajo, mejorar tu casa, atender mejor a tus amigos, dejar de fumar/tomar, finalmente terminar Cien años de soledad, y hacer ejercicio.

Pero, ¡ay! es más fácil seguir descansando. Un ratito. Una semanita más, ¿sí?

Algunos propósitos de año nuevo fueron tomados de http://www.euroresidentes.com/navidad/deseos_de_ano_nuevo.htm.

martes, diciembre 16, 2008

Colores Santos (Azote con música simultánea)

Colores Santos

Te extraño en las tardes
quizás no es amor lo que me hace buscarte
Las decisiones
siempre llegan tarde
Las piezas que quedan jamás encajan

Creo que sé a cuáles son esas decisiones a las que se refiere Cerati: aquéllas que se intentan tomar con el cerebro pero están animadas por la pasión, por las hormonas, por el calor de la tarde, y que por lo tanto sabes que nunca se realizan: por eso no encajan las piezas que quedan después de la pasión. La razón es simple, es porque ni siquiera provenían de un mismo rompecabezas.

Viajando en la luz
te quiero abrazar
un beso perfecto
Envuelto en los sueños
de inútiles noches
confusos recuerdos, Colores Santos

Noches inútiles, gastadas intentando el beso y el abrazo perfecto, con recuerdos que nunca son exactos ni aunque los escribas inmediatamente después, igual que en un sueño. Son inútiles para efectos prácticos, pero nutren, llenan, dan combustible para seguir cuando la vida no es precisamente colores santos.

Quizás no es amor
Quizás no es amor
Quizás no es amor

Yo sé muy bien
jamás me entendiste
y no lo pretendo
Dulce es este viento sopla en mi corazón
arrastra olvidos y no regresa

El sentido de todo se desvirtúa, metamorfosea, se desdibuja. El viento del dulce descubrimiento ayuda a olvidar incluso lo que se ha descubierto: todo podría haber sido falso, pero ya no importa.

Cambiar las palabras
mejor no jurar
promesas erradas
cambiar las palabras

Mejor no jurar, mejor nada más dejar que las palabras se diluyan, se evaporen lentamente, se separen de sus conclusiones posibles, y sólo fluir, fluir, fluir...

Quizás no es amor Quizás no es amor

Instrucciones: este es un intento de "lectura multimedia" en la que el tiempo para leer el texto debería ser el mismo que dura la canción. ¿Funciona? ¿Agrega algo? En cualquier caso, la canción es fantástica y se puede escuchar en loop...
Nota: la imagen que aparece debajo es en realidad el video de la canción, para que le hagas click al triangulito de "play" y la escuches mientras lees el post.

lunes, diciembre 08, 2008

Yo tenía un chorro de voz...

Yo tenía un chorro de voz,
yo era el amo del falsete...
por el canto me di al "cuete"
y por fumar me dio la tos,
y de aquel chorro de voz
sólo me quedó un chisguete

A estas alturas, más de 5,000 días después de cumplir la mayoría de edad, a más de 150 meses de haber salido de la universidad, vuelvo al estado de ánimo del "ahora sí, ya entendí por qué ocurren las cosas, ¡qué poco sabía yo cuando hice X!", pero me suele ocurrir que X lo hice hace dos meses...

No es nueva esta sensación, pero es un hecho que nunca más que antes en la vida me ha reverberado en la mente la frase "si yo hubiera sabido a los 17 (ó 25 ó 30) años lo que sé ahora,.." Y no sólo se trata de conocimientos. En realidad no tiene nada qué ver con eso. Es, creo, un poco la sensación de buscar el tiempo perdido, o más exactamente, evaluar si fue perdido ese tiempo. La memoria nos traiciona, y puede que incluso esto mismo que estoy hoy escribiendo ya lo haya pensado hace años, pero a menos que hayamos escrito un diario durante los últimos 20 años de la vida, sólo podemos "calificar" a nuestro pasado con los pocos recuerdos notables que tenemos.
Cantaba un titipuchal,
las chamacas me admiraban,
por mis cantos suspiraban
y yo me daba a desear,
pero hoy que quise cantar
los gallos se alborotaban.
 
Y entre lo que hoy recuerdo hay muchas anécdotas con amigos, varios desaguisados románticos, unas cuantas conquistas espectaculares, pero más que nunca la sensación de que, de haber actuado de modo diferente, mi vida se habría ido por un camino totalmente distinto. 
Por ejemplo: cuando estaba iniciando la universidad tuve un aparatoso choque de autos, lo cual provocó una serie de eventos en dominó: reprobé todas las materias que estaba cursando, luego al siguiente semestre intenté compensar el terreno perdido pero sólo logré vaciarme, y en suma tardé por lo menos dos años en recuperarme. Me deprimí por no tener carro, decidí que no podía tener novia si no podía llevarla en transporte propio, y me deprimí al cuadrado por esa misma razón. Pero paradójicamente fue esa época en la que dejé de sentirme como un perdedor, y aunque olvidé un poco los estudios y las cosas "serias", entré a un grupo de rock, descubrí una vena artística en mí, y la pasé genial. Quién sabe cómo habrían sido las cosas de no haber chocado. Lo que me queda claro es que durante los tres segundos que transcurrieron mientras veía a un camión atravesar lenta e inevitablemente frente a mí, la vida pulsó la perilla de la máquina tragaperras y puso ante mí un racimo de destinos posibles. ¿Gané el jackpot? No lo sé, no lo puedo saber, pero definitivamente pudo haber sido peor.

Yo tenía un chorro de voz
y me daba mi paquete...
me admiró Jorge Negrete,
Pedro Vargas y otros dos,
pero del chorro de voz
sólo me quedó el chisguete. 
Y sí, al final te queda la idea de que aquel chorro de voz que tenías lo malgastaste en cosas que no duraron. También te divertiste, por supuesto. Quizás tienes un mejor recuerdo de esas épocas porque te hiciste de fotos u objetos que te ayudan a armar esa visión optimista. O puede ser el caso inverso, en que sientes que todo ese tiempo se esfumó y no te dejó nada bueno. Lo que sé de cierto es que esos recuerdos son parciales, que te estás engañando si tus remembranzas son puramente buenas o malas, que ese tiempo que viviste está lleno de todo lo mismo que está llena tu vida hoy día: rutinas, pláticas que no van a ningún lado, personas que conoces y que no te provocan nada bueno ni malo, deseos de hacer cosas que aún hoy no has hecho, pero también momentos divertidos que horas después ya olvidaste, micro-aprendizajes que te hicieron sentir micro-mejor, canciones que inadvertidamente bailaste, contactos visuales con extraños agradables. 
De eso está hecha la vida, y a mi juicio es eso, y no los "grandes éxitos" que quedan registrados en fotos y diplomas enmarcados, lo que vale la pena de vivir. 

¡Qué poco sabía yo hace dos semanas, que no sabía esto!

Anteanoche fui a cantar,
festejaba Casimira,
al primer compás de lira
comenzaron a gritar:
--El sombrero y la chamarra
del señor que se retira.

Al que toma y al que canta
se le pudre la garganta
como a mí me dió la tos,
cuando quiero echar falsete
sólo sale un vil chisguete
de aquel gran chorro de voz.